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Traducido del ruso al español por Anton Teplyy y Eduardo Jorquera Muñoz
Juanito
Es un día tranquilo y soleado. Estamos en la costa. De repente percibimos un Mahadoble de un Maestro Divino. Como siempre, aspiramos a conocerle y preguntamos Su nombre. Él no quiere contestar:
—¿Qué importancia tiene esto? ¿Acaso es esencial?
Luego cede:
—Mi nombre es Juanito. Yo era un jefe de una tribu pequeña en México en Mi última encarnación y entonces conocí al Creador.
—¿Cuándo sucedió esto? ¿Durante la Conquista?
—No, antes de la Conquista.
»Era una tribu de los exploradores del nagual. Vivimos de tal manera que los indignos fueron expulsados de la tribu y los dignos, en cambio, invitados de todas partes, incluso de otras tribus. ¡Tuvimos este tipo de la Escuela “tribal” espiritual! Nuestro clan siempre constaba de 100-200 estudiantes aproximadamente.
»Luego empezó la Conquista y todos nosotros fuimos fusilados.
»¡Yo sobreviví y estoy contigo y con todos ustedes!
—¿Estabas con nosotros antes?
—Sí, cada vez cuando ustedes se encontraban con Don Juan, Yo estaba cerca. ¡Especialmente Me gustan estos lugares!
—¿Y México?
—No, allí no hay tales personas.
»Pero aquí, ¡contemplo las salidas y puestas del sol durante cada día claro!
»¡Y sueño que cada uno, de cualquier lugar de la Tierra, pueda venir aquí y desarrollarse espiritualmente!
Le pedimos a Juanito decirnos ¿qué es lo más importante actualmente para nosotros en Su opinión?
Él muestra la meditación «sombrero de Juanito» y, riendo, añade:
—¡Miren más a la Libertad! ¡Más hay que mirar adelante, a la Libertad!
»Comprendan, Yo siempre permanezco Lo Que soy, independientemente de las condiciones que se forman en el plano material. ¡Ustedes también deben aprenderlo! Deben ser Mí independientemente de cualquier acaecimiento a su alrededor.
»El arte de actuar del guerrero espiritual consiste en que, incluso permaneciendo en las condiciones desfavorables, él nunca se une con éstas, sino que siempre se mantiene él mismo. ¡No son los sitios de poder en la superficie de la Tierra los que deben dictarte quien eres, sino que debes mantenerte como aquel quien decidiste ser, independientemente de la energía del ambiente y de otras influencias!
—¡Juanito! ¡Por favor, cuéntanos sobre Tu Camino al Creador, sobre Tu tribu que trasmitía, de generación en generación, el conocimiento sobre los métodos espirituales que permiten conocer a Dios! ¿Cómo era el proceso de aprendizaje, cómo ustedes ayudaban a los demás?
Juanito sonríe. Sonríe con toda la Tranquilidad de la Conciencia, La Que nos envuelve suavemente. Desde esta Tranquilidad transparente empiezan a aparecer las imágenes y fluir las palabras:
Al amparo caluroso y espeso de la noche, está ardiendo un fuego. Un joven jefe indígena está sentado sin movimiento, mirando al fuego no con los ojos del cuerpo, sino con los del alma. Nada perturba el silencio, salvo el chisporrotear suave de la leña y las voces distantes de las aves desconocidas.
—Cada miembro de la tribu aprendía a ser «invisible» —comenzó Su narración Juanito—. Esto fue logrado a través de los métodos de la reciprocidad total, los que dominamos gradualmente. (Claro que los llamamos con otras palabras). Para hacerse «invisible», uno tenía que, en la profunda tranquilidad interior, aprender a unirse con el espacio que lo rodeaba. Naturalmente, es imposible hacerlo «viviendo en la cabeza». Es posible disolverse y unirse siempre y cuando estés en la «burbuja baja de percepción».
»Un discípulo podía pasar horas adquiriendo la facultad de unirse con piedras y rocas. Y entonces la tranquilidad de las montañas, la imperturbabilidad e inmovilidad de los peñascos llegaban a ser parte de la experiencia existencial del alma y, por ende, fue casi imposible, mirando desde alguna distancia al cuerpo de esta persona, notarlo.
»Luego lo mismo hacemos con árboles, con el bosque entero… Abrazando el espacio con la conciencia, el discípulo desaparecía; su cuerpo se unía con el mundo circundante y no se distinguía.
»El estar en la tranquilidad-unión enseñaba a amar. Nosotros no tuvimos técnicas especiales para abrir el corazón espiritual, pero tuvimos el conocimiento de que el espíritu del hombre está en el centro, donde se originan el ritmo del corazón y la respiración.
»Después uno tenía que aprender a moverse manteniendo esta tranquilidad. Nosotros imitamos a los animales cuyos movimientos eran muy suaves y elegantes. Y un estudiante adquiría la facultad de parecerse a ellos: moverse suavemente, escuchar y percibir con la conciencia el espacio circundante, enviar y recibir señales a la distancia y así sucesivamente. Si uno, como conciencia, permanece en la “burbuja baja de percepción” e intenta ver aquello que desde tal distancia puede ver sólo un águila, gradualmente adquiere la facultad de ver con la conciencia, de ver aquello que es invisible para un ojo normal.
»Después los dignos pasaban a través de una iniciación y se convertían en jefes jóvenes, preceptores para los principiantes. Esto implicaba también que debían aprender a experimentar a sus discípulos tan claramente como a ellos mismos y cultivar el amor-cuidado de ellos. Al mismo tiempo, los jefes jóvenes adquirían la facultad de percibir a los Jefes Superiores y al Jefe Primordial, Quien es el Gran Poder y la Voluntad Suprema.
»Además, aprendían a ver y a escuchar en el espacio del Espíritu.
»El ver, en este caso, significa percibir con la conciencia, lo que te da el conocimiento y la comprensión de la esencia de aquello que has visto y oído.
»De esta manera, paulatinamente, los discípulos adquirían la percepción directa de Dios. Y luego todo era muy fácil, como fue en su caso. Los métodos de las etapas finales no difieren mucho entre sí en varias Escuelas espirituales, sólo que las denominaciones de las técnicas corresponden al lenguaje de los iniciados. La facultad de disolverse y de ser aquello con lo que te unes daba resultados notables en esas etapas. Y el traslado de la auto-sensación al mundo del Espíritu, al mundo del Poder fue logrado fácilmente.
»Así sucedía la trasmigración de las conciencias a los mundos del Espíritu Santo y después a la Morada del Creador. Y cada uno que alcanzaba la Libertad se convertía en un Baquiano que podía llevar a los demás allí.
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