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Traducido del ruso al español por Anton Teplyy y Eduardo Jorquera Muñoz
Eaglestform
Preguntamos a Eaglestform:
—Dinos, Eaglestform, ¿por qué no necesita para nadie lo que nosotros hacemos en Rusia? ¡Pues, no debe ser así!
Y Él contesta:
—Dime ¿para quién se necesitan las montañas? ¿Para quién se necesitan los océanos?
»¿Cuántas personas en la Tierra saben que para ellos se necesita de las montañas desde las cuales los ríos fluyen hacia el océano? La mayoría ni siquiera toma el agua de los ríos, sino simplemente la obtiene abriendo la llave en la cocina. ¡No obstante, ellos también toman el agua desde Mis Cimas!
»¡Se necesitan las Montañas! ¡Se necesitan las Montañas para que los ríos fluyan desde éstas en Mí!
»¡Sé la Montaña!
* * *
—Libertad y tranquilidad reinan en las vastedades de Mi Existencia. Sin conocerlas, el alma no puede afluir en Mi Vida infinita.
»A las almas jóvenes Yo envío al mundo de las preocupaciones terrenales y las pasiones donde ellas adquieren experiencia y fuerza. Pasando a través de muchas situaciones de la vida, involucrándose en varios asuntos terrenales, ellas deben madurar y fortalecerse.
»En cierto momento, cada alma debe manifestar el deseo de dejar de ser una parte de la actividad mundana y separarse de ésta, empezando la búsqueda de Mí.
»Esta aspiración del alma significa que su deseo de la Libertad ha madurado.
»Pero, separándose de lo terrenal, el alma no sabe todavía qué es la verdadera Libertad. Ella sigue viviendo según las medidas y conceptos terrenales. Por consiguiente, Yo guío la búsqueda de estas almas. ¡Yo conozco el camino hacia la Libertad!
»Este camino lleva desde el estado de ser limitado al estado de Mi infinidad, al estado de ser infinito en Mí.
»Así que, el alma tiene una tarea difícil: separarse de su forma habitual terrenal, del estado de ser limitada por esta forma y llegar a ser ilimitada e infinita.
»Cuando esta transición sucede, y el alma ya no se separa de la infinidad entera, se vuelve verdaderamente libre.
—Eaglestform, cuéntanos, por favor, sobre Ti, pues no sabemos casi nada.
—Hace mucho tiempo, Yo fui encarnado en la India. Crecí en la tradición de Krishna. En aquella encarnación, conocí los estados Nirvanicos. Sólo un paso o aún menos Me faltó para lograr la Unión con el Creador.
»Llegué a ser Avatar en la próxima encarnación en el norte del continente de América del Sur.
»Yo viví en una región montañesa cerca de la frontera entre Venezuela y Brasilia a mitad del siglo diez y nueve. Mi padre era un español, un descendiente de los conquistadores. Mi madre era una indígena. Ellos se amaron uno al otro.
»La suerte de un mestizo era poco envidiable. A Mí no Me aceptaron ni los indígenas, para ellos Yo era un “mestizo despreciable”. Ni Me aceptaron los blancos, para ellos Yo era un “hampa indio”, un “medio-sangre”.
»En la niñez no pude entender este odio, no pude entender el porqué.
»Y Me esforcé muchísimo por ganar con Mis cualidades personales el respeto de los compañeros. Yo no era simplemente valiente o fuerte, sino estaba listo para pagar con Mi vida por los momentos de gloria y atención.
»A veces los muchachos hacían apuestas si es que Yo subía a una roca vertical sin sogas o si cruzaría un río montañoso en el lugar donde es mortalmente peligroso. Ellos ganaron el dinero, mientras Yo, en estas situaciones de riesgo extremo, no se sabe porqué, alcanzaba la sensación de tranquilidad profunda. Yo sentí cada piedra que no Me dejaría colgado, sobre la que Yo pude poner Mi pie. Yo sentí de antemano cada movimiento que tenía que hacer. ¡Yo sentí una claridad maravillosa! Éstos eran los momentos de la claridad y tranquilidad cristalinos, los momentos del desapego singular. Yo llamé esto la sensación del espíritu de la muerte, “duende” en español. Éste viene cuando caminas a lo largo del borde de un precipicio sin violar las Leyes del Espíritu. En aquel entonces Yo no supe que en realidad Él era el Espíritu de la Vida. En aquellos momentos Yo no pensaba ni en la muerte ni en la gloria. Yo simplemente vivía en el tiempo del Espíritu.
»A pesar de ser famoso gracias a aquellas “hazañas”, Yo permanecía muy solo. La soledad entre las personas Me deprimía.
»A menudo Me fui a las montañas: allí la soledad dejaba de deprimirme. Allí Yo sentía la libertad. Allí Yo no estaba solo: allí estaban las montañas, y ellas Me “comprendían”. ¡Y Yo supe sus “hábitos” y su carácter áspero y su gran belleza! Todos los que vivieron en las montañas supieron las reglas del Espíritu y lo respetaron. Ellos también respetaron a las plantas que se habían arraigados sobre los precipicios, a los pájaros que daban a luz sus crías, a los animales que cazaban allí. Yo también respetaba a todos ellos, respetaba su libertad, su derecho para la vida, incluso el derecho de un puma, por ejemplo, de intentar quitar Mi vida. Y ellos también Me respetaron.
»Yo no creí en la existencia del “Dios de los blancos”: éstas fueron sólo estatuillas pintadas, cuya adoración no ayudaba a nadie. Yo tampoco creí en la existencia de los dioses de los indígenas. No obstante, Yo creí en el espíritu de la muerte, pues él era real para todos: ni blanco ni indígena podían evitar el encuentro con él. Él tenía el poder sobre los españoles y los indígenas, sobre los pájaros y las bestias. Yo no supe todavía en aquel entonces que él era el Espíritu de la Vida, pero veía como Su Ala a veces tocaba las almas y revelaba su esencia.
»Yo empecé a trabajar como un baquiano en las montañas.
»Un baquiano es el que camina adelante y lleva a los otros, quien encuentra el apoyo y comprueba su solidez, quien es responsable por las vidas de las personas que caminan con él.
»Yo conocía todos los senderos. Podía traducir del español o inglés a los idiomas locales de los indígenas. Mi padre era una persona muy bien educada y Me enseñó muchas cosas. Yo llevaba a través de los puertos en las montañas a las expediciones y viajeros solitarios…
»Ahora cuando Yo guié a las personas, nuevos sentimientos vinieron a Mi vida. Yo debería, yendo adelante, no sólo sentirme a Mí Mismo y el camino, sino también a cada persona en el grupo: pues un error de cualquiera de ellos podría producir la muerte de todos.
»La vida al borde, al límite, cuando no hay ningún lugar para las dudas y las vacilaciones, cuando los pensamientos y hechos deben estar en la unidad absoluta y sólo esta unidad hace posible la exactitud de las acciones y la rapidez de reacción, cuando una mínima inexactitud resulta en muerte, así Yo vivía en Mi última encarnación terrenal.
»Yo era un Caminante, y siempre estaba solo, desde la niñez. Primero Yo aprendí a ser de solo a solo conmigo, después, con montañas a través de las que guiaba a las personas. Yo viví de solo a solo con la muerte que agudizaba al extremo todas las fuerzas del alma. Yo encontraba la satisfacción sólo en los momentos de la tensión crítica.
»Las montañas, las personas y Yo llegaron a ser unidos para Mí. Yo era bastante autosuficiente.
»Y llegó el momento en Mi vida cuando la autosuficiencia donde el centro es el “yo” humano debe ser remplazada con la “Dios-suficiencia” con el único “Yo” del Creador en el centro.
»¿Has visto una vez la salida del sol en las montañas?
»En la cima de la montaña más alta en este lugar había una meseta. Yo subía a ésta. De allí, se abría una vista espectacular: por todas partes, hasta el horizonte, se extendían las montañas con las cimas lisas, pero con cuestas verticales, los desfiladeros y los precipicios sin fondo. Y encima está el cielo ilimitado como si acostado en los hombros de las montañas. Cuando el sol sube, todo, el cielo y las montañas, están penetrados con su luz. ¡Alrededor hay sólo luz, majestad de tranquilidad, vastedad y libertad! ¡Y en silencio absoluto, llega entendimiento de mi nulidad, insignificancia delante de la infinidad del universo!
»Una vez, cuando Yo estaba regresando solo, mi intuición falló, o más exactamente, llegó el momento para encontrarse con el espíritu de la muerte.
»Me caí en un precipicio. Mi cuerpo se estrelló. Yo pensé que Me había muerto. ¡Pero resultó que esto no fue la muerte, sino la Vida!
»Me hundía en la Luz infinita. ¡No existía el cuerpo allá, había la libertad y la alegría de la Existencia, la plenitud de la Vida, el resplandor de la felicidad en la infinidad de la Luz!
»La muerte del cuerpo no llegó. Durante mucho tiempo Yo estaba entre la vida y la muerte. Yo regresaba al cuerpo de nuevo, y luego otra vez buceaba en la Luz. Me deslizaba entre estos dos estados a través de un tipo de pasaje similar a un túnel en una montaña lleno de agua. De un lado de este túnel estaba la entrada al cuerpo, en el otro, la salida hacia el Océano de la Luz. Pero estas traslaciones no fueron voluntarias de Mí parte: Él lo hizo para Mí.
»Yo no quería regresar al cuerpo. Y Me abracé consigo mismo, según parece, toda la Luz para quedarme en Él para siempre.
»Y entonces de repente sobre el Océano de la Luz Yo subí de manera similar a una montaña gigante. Yo Me experimentaba totalmente: ¡Yo estaba vivo, real! ¡Yo tenía la cara y los brazos, Yo podría ver, moverme! ¡Yo estaba totalmente consciente! Yo también podría sumergirme en las Profundidades de la Luz de las que Yo salía como una Montaña.
»Gran Tranquilidad, Poder y Comprensión llenaron todo Mi nuevo ser. Yo estaba en la Unidad con Todo.
»Mi cuerpo se apreció diminuto. Yo intenté meterlo para adentro en Mí, pero no pude. Entonces entendí la sugerencia de la Gran Luz Primordial, lo entendí sin palabras, así mismo como entendía al Que había conocido como el Gran Espíritu. Yo Me sumergí en la Profundidad donde existía sólo Él, Me disolví en Él y empecé despacio a llenar con Él desde la profundidad el pasaje al cuerpo y luego el cuerpo desde adentro. Y un milagro pasó: ¡el cuerpo fue sanado!
»Yo permanecí mucho tiempo en esta Unidad irrompible. Yo conocí las Verdades Superiores en la Fuente Primordial, estando sumergido directamente en el conocimiento de las respuestas: ¡en el conocimiento de las Leyes de Dios, las Leyes de la Existencia!
»Ahora la Gran Luz miraba con Mis ojos. Miraba a las personas, incluso a los que nunca Me amaron, y Su Amor se extendía hacia ellos. Y Yo entendí que éste es Mi Amor y que Yo no podría vivir de otra manera, a menos que sea un baquiano para ellos, el baquiano a través del puerto de la muerte, el baquiano a la Verdadera Vida.
»Yo volví a vivir con las personas. Y empecé a enseñarles que la vida no se acaba con la muerte del cuerpo, que existe la Justicia Suprema con la que nos encontramos más allá del umbral de la muerte. Yo aprendí a ver los estados de las almas y cuerpos, las causas de las enfermedades y muchas otras cosas. Yo veía que el enojo, la agresión, el odio hacían oscuras las energías dentro del cuerpo, y fue imposible sanar a tales personas. Sólo el arrepentimiento profundo y el cambio de la esencia de la persona pueden ayudar. Yo veía la luminosidad de los estados de amor y ternura, los estados que transforman, permitiendo sumergir las almas con tales cualidades en aquella Luz.
»¡Durante mucho tiempo Yo enseñaba esto: las Leyes de Amor, las Leyes de la Vida!
»¡Yo continúo este trabajo ahora!
»¡Y aquí ahora Me alegro de darles los últimos pasos del Camino! ¡Es una fortuna rara!
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